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  • Poesías

    Antonio Machado
    biblioteca@calle52.com.ar

    Introducción

    Leyendo un claro día mis bien amados versos,
    he visto en el profundo espejo de mis sueños
    que una verdad divina temblando está de miedo
    y es una flor que quiere echar su aroma al viento.

    El alma del poeta se orienta hacia el misterio.
    Sólo el poeta puede mirar lo que está lejos,
    dentro del alma, en turbio y mago sol envuelto.

    En esas galerías sin fondo, del recuerdo,
    donde las pobres gentes colgaron cual trofeo
    el traje de una fiesta apolillado y viejo,
    allí el poeta sabe el laborar eterno
    mirar de las doradas abejas de los sueños.

    Poetas, con el alma atenta al hondo cielo,
    en la cruel batalla o en el tranquilo huerto,
    la nueva miel labramos con los dolores viejos,
    la veste blanca y pura pacientemente hacemos,
    y bajo el sol bruñimos el fuerte arnés de hierro.

    El alma que no sueña, el enemigo espejo,
    proyecta nuesta imagen con un perfil grotesco.

    Sentimos una ola de sangre, en nuestro pecho,
    que pasa... y sonreímos, y a laborar volvemos.

     

    Las Moscas

    Vosotras, las familiares, inevitables golosas,
    vosotras, moscas vulgares, me evocáis todas las cosas.

    ¡Oh, viejas moscas voraces como abejas en abril,
    viejas moscas pertinaces sobre mi calva infantil!

    ¡Moscas del primer hastío, en el salón familiar,
    las claras tardes de estío en que yo empecé a soñar!

    Y en la aborrecida escuela, raudas moscas divertidas,
    perseguidas por amor de lo que vuela

    -que todo es volar-, sonoras, rebotando en los cristales
    en los días otoñales... Moscas de todas las horas,

    de siempre... Moscas vulgares, de mi juventud dorada,
    de esta segunda inocencia que da en no creer en nada,

    de siempre... Moscas vulgares, que de puro familiares
    no tendréis digno cantor: yo sé que os habéis posado

    sobre el juguete encantado, sobre el librote cerrado,
    sobre la carta de amor, sobre los párpados yertos de los muertos.

    Inevitables golosas, que ni labráis como abejas,
    ni brilláis cual mariposas; pequeñitas, revoltosas,
    vosotras, amigas viejas, me evocáis todas las cosas.

     

    La Saeta

    ¿Quién me presta una escalera para subir al madero,
    para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno?
    (saeta popular)

    ¡Oh, la saeta, el cantar al Cristo de los gitanos,
    siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar!

    ¡Cantar del pueblo andaluz, que todas las primaveras
    anda pidiendo escaleras para subir a la cruz!

    ¡Cantar de la tierra mía, que echa flores
    al Jesús de la agonía, y es la fe de mis mayores!

    ¡Oh, no eres tú mi cantar!

    ¡No puedo cantar, ni quiero
    a ese Jesús del madero
    sino al que anduvo en la mar!

     

    Proverbios y Cantares

    I

    Nunca perseguí la gloria, ni dejar en la memoria
    de los hombres mi canción; yo amo los mundos sutiles,
    ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón.
    Me gusta verlos pintarse de sol y grana,
    volar bajo el cielo azul, temblar
    súbitamente y quebrarse.

    II

    ¿Para qué llamar caminos a los surcos del azar?
    Todo el que camina anda, como Jesús, sobre el mar.

    VII

    Yo he visto garras fieras en las pulidas manos;
    conozco grajos mélicos y líricos marranos...
    El más truhán se lleva la mano al corazón,
    y el bruto más espeso se carga de razón.

    IX

    El hombre, a quien de la rapiña acucia,
    de ingénita malicia y natural astucia,
    formó la inteligencia y acaparó la tierra.
    ¡Y aún la verdad proclama! ¡Supremo ardid de guerra!

    X

    la envidia de la virtud hizo a Caín criminal.
    ¡Gloria a Caín! Hoy el vicio es lo que se envidia más.

    XV

    Cantad conmigo en coro: Saber, nada sabemos,
    de arcano mar vinimos, a ignota mar iremos...
    Y entre dos misterios está el enigma grave;
    tres arcas encierra una desconocida llave.
    La luz nada ilumina y el sabio nada enseña.
    ¿Qué dice la palabra? ¿Qué el agua de la peña?

    XVI

    El hombre es por naturaleza la bestia paradójica,
    un animal absurdo que necesita lógica.
    Creó de nada un mundo, y su obra terminada,
    "ya estoy en el secreto -se dijo-, todo es nada".

    XXIII

    No extrañéis, dulces amigos, que esté mi frente arrugada;
    yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas.

    XXIX

    Caminante, son tus huellas el camino y nada más;
    caminante, no hay camino, se hace camino al andar.
    Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás
    se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
    Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar.

    XLI

    Bueno es saber que los vasos sirven para beber;
    lo malo es que no sabemos para qué sirve la sed.

    XLIV

    Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar;
    pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.

    XLVII

    Cuatro cosas tiene el hombre que no sirven en la mar:
    ancla, gobernalle y remos, y miedo de naufragar.


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